Hay días que pienso mucho, tal es así que llegué a marear a mis hijos diciéndoles que quizá yo fuese judía un día en Toledo. Hoy es algo mas fuerte, pues he pensado que podía ser una princesa, si, si...
He recordado a una de mis abuelas, ¡¡Cuanto me quería!! Y yo a ella. La perdí cuando yo tenía 14 años...pero no la olvido. Era la madre de mi padre. Me contó muchas cosas de su infancia y juventud, pues la pasó en la Inclusa de Madrid. La llevaron siendo ella un bebé. Un día, según le dijeron las monjas cuando fue mayor, llegó una mujer, la dejó en los brazos de sor Luisa, salió por el portón, se metió en una berlina que llevaba el emblema de la casa Real y salió zumbando. Esta mujer dijo llamarse María y de ella nunca más se supo.
También me contó, que varias veces había ido la reina con el rey Alfonsito cuando este era pequeño, se reunían con varias chicas en una sala, entre ellas mi abuela, charlaban, se interesaba por sus estudios y de vez en cuando les llevaba dulces y bombones.
Cuando tuvo edad de casarse, muchos hombres iban a la Inclusa en busca de una esposa (cosas de la época). Un día...allí se presentó mi abuelo.
Según me contó la abuela, las ponían en fila a todas las jóvenes casaderas, enfrente a los hombres que iban a por ellas. Según la versión de mi abuela, el día que fue el abuelo había varios hombres más, las chicas, solo hacían reírse y bajar la cabeza. Una de las monjas se dirigió a los hombres y les dijo: -No se preocupen caballeros pues todas quieren casarse.
Mi abuelo, que dicho sea de paso era un hombre muy atractivo se fijó rapidamente en mi querida abuela y dijo:
-Yo quiero la tercera por la derecha (que romántico), y...se la llevó a Recas en la provincia de Toledo, claro está, antes se casaron allí mismo.
Siempre me he imaginado la situación de esta joven. No había salido nunca del colegio, llega un hombre desconocido, que por muy guapo que fuera, era un desconocido...
La celebración de la boda fue la presentación a la familia, pues ninguno de ellos había viajado a Madrid, me supongo que no eran muy finos, pues en un momento de la cena mi abuela se fijó en el reloj, era tarde, ella acostumbrada a comulgar todos los días no aceptó más comida ni bebida, pues en aquellos tiempos no se podía tomar la comunión si no era en ayunas.
Al decir ella que tenía que comulgar al día siguiente, uno de sus cuñados le dijo: - ¡Ya te dará mi hermano la comunión esta noche! Cuando me contó esto la abuela yo era casi una niña, no entendía lo que había querido decir, pero cuando fuí mayor y comprendí, pensé...¡Que cazurros! Aunque fuesen mi familia.
También fue su deseo averiguar quienes eran sus padres, pero su esposo, (mi abuelo), no la dejó salir del pueblo. Si fuese ahora querida abuelita, yo movería Roma con Santiago y encontraríamos a tu madre (al padre sería difícil, pues la mayoría huyen). ?Sabes abuela? Yo rezo por ellos, quizá tu ya los hallas visto y te habrán dado explicaciones...¡Cuánto te sigo queriendo!
Nunca sabremos quienes eran los padres de mi querida abuelita. Por mucha Berlina en la que fue llevada a la Inclusa.








