Ya casi estamos en Navidad y es mes de contar cosas bonitas aunque estemos tristes. Espero que no todo el mundo lo esté y alegrémonos de la nieve y el frío que por algo estamos en Diciembre.
Un aldeano ruso muy devoto constantemente pedía en sus oraciones que Jesús viniese a visitarlo en su humilde cabaña.
La víspera de Navidad soñó que el Señor se le aparecía. Cuando por la mañana se levantó comenzó a poner la casa en orden para recibir el huésped tan esperado.
Una violenta tempestad de granizo y nieve sucedía allá fuera. El aldeano continuaba con los quehaceres domésticos, cuidando también la sopa de repollo, que era su plato predilecto. De vez en cuando él observaba la calle, siempre a la espera.
Transcurrido algún tiempo el aldeano vio que alguien se aproximaba caminando con dificultad en medio de la tormenta de nieve. Era un pobre vendedor ambulante, que llevaba a sus espaldas un fardo bastante pesado. Compadecido, salió de la casa y fue al encuentro del vendedor. Lo llevó a la cabaña, puso su ropa a secar al calor de la chimenea y repartió con él la sopa de repollo. Solo lo dejó ir, luego de ver que él ya había recobrado las fuerzas para continuar la jornada.
Mirando de nuevo a través del vidrio, vio una mujer en la calle cubierta de nieve. Fue a buscarla y la abrigó en la cabaña. Hizo que se sentase cerca de la chimenea, le dio de comer, la arropó en su propia capa y no la dejó partir hasta que no recobró fuerzas para seguir la caminata. La noche empezaba a caer...y nada de Jesús¡¡¡ Ya casi sin esperanzas, el aldeano fue hasta la ventana y examinó la calle cubierta de nieve. Distinguió un niño y percibió que estaba perdido y casi congelado de frío...Salió una vez más, levanto al niño y lo llevó a la cabaña. Le dio de comer y no tardó mucho en quedarse dormido al calor de la chimenea.
Cansado y desolado, el aldeano se sentó y terminó por adormecerse junto al fuego. Pero de repente, una luz radiante, que no provenía de la chimenea, iluminó todo¡¡ Delante del pobre aldeano, surgió risueño El Señor, envuelto en una túnica blanca...
-Ah! Señor¡ Te esperé todo el día y no apareciste, se lamentó el aldeano...Jesús le respondió:
" Ya por tres veces, hoy, visité tu cabaña: El vendedor ambulante que socorriste, calentaste y diste de comer...era Yo! La pobre mujer, a quien diste la capa...era Yo! Y ese niño que salvaste de la tempestad, también era Yo..."
El bien que a cada uno de ellos hiciste, a Mí mismo me lo hiciste!"
Está vasado en un cuento de Navidad atribuido a...nada más y nada menos que a... León Tolstoi.








