Ofrenda
El lunes pasado o sea, el día dos de este mes de octubre, ha
sido el Patrón de la Policía Nacional. Como hace varios años, fui invitada por
mi amigo Víctor, policía.
Este año mi querido amigo ya está jubilado, pero eso no ha
mermado para que se hiciera cargo de organizar la fiesta como desde hace 38
años lo viene haciendo.
Es un acierto que lo haga, pues lo hace muy bien.
El escoge a los policías que en la misa de acción de gracias,
unos leen las Lecturas el Salmo y una pareja de jóvenes policías, masculino y
femenino, portan la corona
de laureles en honor de los caídos.
Este año me ha “ascendido”,
ya que después de leer un policía la primera Lectura, yo leí el Salmo, que por
cierto ese día era precioso.
En años anteriores me mandaba pasar el cestillo, o sea, lo
que llamamos el cepillo. Cosa que me daba mucha pena pues mi cestillo no se
llenaba, al contrario, iba casi vacío, era comprensible pues
tras colocarse tantas medallas, es fácil que se les olvidara
el monedero. Bueno, el caso es que este año he subido de categoría.
En la misa estuvieron los policías de Coslada y San Fernando
de Henares que no tenían servicio, los acompañaron un gran número de Guardias
Civiles, Militares de graduación y de la Marina.
Tengo que decir con orgullo que también estuvo el coro de mi
parroquia, dirigido por Malete, que canta como los propios Ángeles
Fue una ceremonia muy bonita, siempre lo es, y siempre se nos
pone un nudo en la garganta, cuando por el pasillo central y a los acordes del
Himno Nacional, esa pareja de policías, hombre y mujer,
pasearon la corona de laureles hacia el altar mayor donde la
depositaron.
Al final se cantó “La muerte no es el final”. Esto ya supero
todas las emociones. Ver a tantos uniformados firmes y cantado, no se puede
expresar la emoción.
Acabada la ceremonia nos fuimos a un Polideportivo cercano
donde impusieron medallas a varios policías, que por supuesto se las merecían.
Víctor tiene muchas, pues se las he visto en su uniforme.
Pero aunque está jubilado, no se iba a librar de que sus
compañeros le echaran de menos. Le obsequiaron con una placa en agradecimiento
por los 38 años que lleva ocupándose de que en este día, todo salga bien.
¡Y salió!
Víctor recibiendo la placa de agradecimiento
Todo transcurrió perfectamente. Los militares, los policías
y los guardias civiles que tenían su pecho lleno de medallas, eran de lo más
agradable, sencillos y atentos a todo el mundo.
Todos se querían
hacer fotos con Víctor.
Llegaron policías de
paisano, jóvenes y guapas, pues eran femeninas, a darle las gracias por lo bien
que se había portado con ellas cuando estaban de prácticas.
También llegó un compañero de Víctor lleno de medallas y que
se fundieron en un abrazo. Este policía me impresionó, no solo por sus medallas,
sino porque tenía algo especial.
Una de esas medallas la tenía alrededor de su cuello, con un
lazo de dos colores, azul y rojo, quería saber cómo la había ganado pues el Rey D. Felipe también la lleva. No me
pude resistir y se lo pregunté.
Me dijo que se la habían concedido cuando llevaba 30 en el
cuerpo. Yo me dije. “Entonces no es la misma que la del Rey. Nuestro Rey no
lleva tantos años en el cargo”. ¡Dios quiera que lo consiga!
Me contaron entre Víctor y él, que se disfrazaba de maleante
y se infiltraba con ellos, así se enteraba de todo lo que quería.
Total, que lo pasamos muy bien. Yo, como hija de un sargento
de la Policía Local, antes se llamaron: Urbanos y después Municipal y nuera de un capitán de la Guardia Civil, desde estas
líneas que me ha pedido Víctor que escriba, vaya mi respeto para todos.
¡¡¡ VIVA LA POLICIA NACIONAL !!!
¡¡¡ VIVA EL EJERCITO ESPAÑOL !!!
¡¡¡
VIVA EL REY !!!
¡¡¡
VIVA ESPAÑA !!!