Una de las señoras decía...ARTAR.
He mediado diciendo, como cuando íbamos al "cole"...yo me lo sé. Antes les he advertido que yo no soy una sabihonda , no, solo que todo está en los libros y yo, gracias a Dios leo mucho.
Señoras, este dicho se remonta a principios del siglo XIX. Precisamente en el pueblo de Candelario, cercano a la Ciudad de Béjar, famoso por la calidad de sus embutidos, en el vivía un afamado elaborador de chorizos llamado Constantino Rico. alias, "el choricero", cuya figura sería inmortalizada por el artista Bayeu en un famoso tapiz que hoy se exhibe en el Palacio del Pardo.
Este buen hombre tenía instalada la factoría en la que trabajaban varias obreras, en los bajos de su propia casa (vamos, como ahora los chinos), en una ocasión, una de estas obreras apremiada por las circunstancias y para que no se le escapara su perrito faldero, tuvo la peregrina idea de ATAR a su chucho a la pata de un banco, usando a manera de soga, UNA RISTRA DE LONGANIZAS.
Al poco tiempo entró un muchacho - hijo de otra operaria - a dar un recado a su madre y presenció con estupor la escena, e inmediatamente se encargó de divulgar la noticia de que en casa del tío Rico se ATAN los perros con longanizas.
La expresión, tuvo inmediatamente aceptación en el pueblo y desde entonces, se hizo sinónimo de exageración en la demostración de la opulencia y el derroche.
Bueno, despues de darles esta explicación, me han dicho muchas cosas, todas buenas mientras yo estaba delante. Pero como decía mi padre...yo me vine y allí se quedaron...
Una frase:
NO HAY BARRERA, CERRADURA, NI CERROJO QUE PUEDAS IMPONER A LA LIBERTAD DE MI MENTE.
Autora, Virginia Woolf

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