Plaza de Cervantes.
Todo empezó cuando mi querida cuñada me dijo que a su compañera y amiga Robustiana la habían operado y ya estaba en su casa.
Dicha compañera vive en Alcalá de Henares, que no es que lo diga yo, pero es un pueblo precioso de la Comunidad de Madrid.
Yo voy muy a menudo, sobre todo para comer las riquísimas almendras garrapiñadas que venden las monjitas muy cerca de la Plaza de Cervantes y que ponen en un torno, fiándose de los que vamos a comprarlas. Estas monjas son de Clausura. Cuando saben que hay alguien en la antesala, dicen;
- Ave María Purísima.
Cuando les contestas:
-Sin Pecado Concebida.
Entonces ponen las almendras y esperan el dinerito. Como digo, se fían de nosotros.
Bueno creo que me estoy yendo por otro sitio.
El caso es que cuando mi cuñadita me propuso ir con ella de visita, ya que yo también conozco a su compañera y amiga, aunque estuve titubeando, al final dije que si, que iba. Tambien iba mi hermano pero mi hijo dijo que él no iba de visita y se quedó en casa. Mi hermano le prometió que no se preocupara que a la vuelta me dejaban en casa.
Pues bien allá que nos fuimos camino de Alcalá.
Las gentes de Alcalá de Henares son muy acogedoras, pues aunque ahora todo ha cambiado mucho y hay grandes barrios nuevos, los que viven en casas heredadas y que han reformado para que estén cómodamente siguen siendo tan solidarios como lo fueron sus antepasados.
Llegamos.
La casona es enorme y muy bien acondicionada, los anfitriones, como ya digo, maravillosos. Cuando llegamos nosotros serían las 6 de la tarde, ya me había advertido mi cuñada que nos quedaríamos a cenar, estaba otra visita. Nos saludamos, nos presentaron, besitos por aquí, besitos por allá aunque apenas nos conocíamos.
La anfitriona aunque estaba recién operada de la vista se la veía bien pero su marido era el que se movía para todo. La ponía un cojín en la espalda para que estuviese más cómoda y no dejaba de preguntarle si se sentía bien, a lo que ella siempre decía que sí.
En un momento dado, Leopoldo, el anfitrión, se levanto preguntando a todos que queríamos tomar. Se fue a por las bebidas y después colocó en la mesa, lo primero, una enorme bandeja de melón con jamón. Todo ello muy bien servido.
Estaba cortado en trocitos pequeños. Trozo de melón y trozo de jamón cogido con un palillo que resultaba muy cómodo. Tambien puso pan, patatas fritas y varios fiambres.
Yo pensé que esto sería para aquellas visitas, además a esa hora yo no tengo ganas de tomar esas cosas y como me dijeron que cenaríamos allí, quise hacer hueco para la cena que me imagine que sería lo menos un faisán con trufas y muchas patatas asadas. Ya se me estaba haciendo la boca agua.
Como todos se animaban y comían a dos carrillos, yo, muy educadamente cogí una patatita frita para la cerveza que me estaba tomando.
Llegó la hora de marcharse la visita de tarde. Nos quedamos nosotros, sus hijos y unos amiguitos de estos.
Así pasamos la tarde. Charlando. Los hombres hablando de futbol. Las mujeres oyendo como nos contaba la buena de Robustiana como le había ido la operación...total, llegó la noche.
Entonces los chicos dijeron que tenían hambre. Leopoldo se fue derecho a un gran congelador que tenían en el porche trasero, sacó no se cuantas Pizzas y se las preparo a los muchachos. Después dijo de preparar algo para nosotros. A todo esto ya eran las 10 de la noche.
Mi cuñada, muy "sabihonda" ella y dándoselas de conocer muy bien a sus amigos, o para presumir delante de mí, va y le dice:
Leopoldo, a ver lo haces, no vayas a traer un montón de cosas que te conozco.
El bueno de Leopoldo...le hizo caso. Apareció con unas bolsas de patatas fritas, almendras y un plato de pistachos que puso, quizá por azar, justo a mi lado.
No comí muchos, quizá por miedo a que me hiciesen daño, pero pude matar el gusanillo porque de verdad en ese momento si tenía hambre.
Salimos de Alcalá a más de las 12 de la noche. Mis hermanos me llevaron a casa y cuando nos despedíamos mi cuñada, no se si con recochineo, me dijo:
-Come algo que has cenado muy poco.
Solo dije:
-Yo a estas horas no voy a tomar nada.
Cuando se lo conté a mi hijo...

¡¡¡Al rico Pistacho!!!






