Hace unos días vimos mi hijo y yo a una cotorra en el patio de la comunidad. A este patio solo entra la señora de la limpieza pero todos los vecinos tenemos una llave por si se nos cae algo en él. Pues bien, estuvimos pendiente de dicha cotorra, que por cierto, no alzaba el vuelo y solo hacía ruido como pidiendo auxilio. ¡No faltaba más! Este hijo mío que es muy sentimental con todos los animales, se preparó y fue al patio en busca de la "cotorrita". Cuando la tuvo a la vista, se dio cuenta de que tenía lastre en una patita...volvió a casa. Preparó unas tenazas, unas tijeras, alicates y un trapo para poder cogerla. La llevó a casa y vimos que tenía mucho hilo en una pata y arrastraba hojarasca con ella. Con el trapo la tenía casi quieta, porque ella no paraba de moverse. Le corto el hilo, le quitó el lastre que la pobre llevaba y la echo a volar al jardín, no sin antes la cotorra le había dado un picotazo que ha estado varios días con un dedo herido...ya se ha curado...
Esto me ha recordado algo que me contó mi amigo Ricardo, que dicho sea de paso, no se si fue verdad o era un chiste. Cosa que yo, inocente de mí, me lo creí...lo cuento tal como él me lo dijo:
Ricardo recibió un loro por su cumpleaños, era un loro adulto con mala actitud y peor vocabulario. Cada palabra que decía estaba adornada por alguna palabrota y siempre estaba de mal genio. Ricardo desde el primer día trató de corregir al loro, diciéndole palabras bondadosas y con mucha educación, le ponía música suave y lo trataba con mucho cariño. Un día le hizo perder la paciencia al ponerse el loro más grosero que nunca. Entonces Ricardo en un momento de desesperación lo metió en el congelador de su enorme frigorífico.
Por un par de minutos pudo escuchar los gritos del loro y el revuelo que causaba en el compartimento, hasta que de pronto...todo fue silencio.
Ricardo arrepentido y temeroso de haber matado al loro, rapidamente abrió la puerta del congelador...el loro salió con mucha calma, dio un paso al hombro de Ricardo y dijo:
"Siento mucho haberte ofendido con mi lenguaje y mi actitud, te pido que me disculpes y te prometo que en el futuro vigilaré mucho mi comportamiento".
Ricardo estaba muy sorprendido del cambio del loro y estaba a punto de preguntarle que es lo que le había hecho cambiar de esa manera, cuando el loro continuó:
-¿Te puedo preguntar una cosa?
-Si, como no!! Contesto Ricardo.
-¿Que fue lo que hizo el pollo?







