No he podido resistirme a contar esto que he leído en un libro. Ya se que quizás no lo leáis, aunque es muy bonito, o por lo menos eso me ha parecido a mi.
Después de que Dios concluyera la creación de los animales, y de decidir cuál sería el lugar de cada uno en la tierra, aún quiso regalarles un último don, convocándoles a Su Presencia, les dijo:
-Os he dado las cualidades y la figura que tenéis, según me ha parecido que sería bueno para la vida que habréis de vivir de ahora en adelante, pero quiero concederos una gracia a cada uno: pedidme aquello que deseéis y os lo daré.
Aquellas palabras llenaron de alegría a todos los animales creados, y uno a uno fueron pidiendo algo que no tenían: el león quiso tener la melena mas espesa y bella de todos los felinos. El conejo pidió unas orejas más grandes, como sabía que sus orejas funcionaban como radares, necesitaba unas muy grandes. El Creador se lo concedió. El oso pidió que le permitieran dormir todo el invierno, pues no le gustaba nada el frío. El perro solicitó que le concediera ser el amigo más fiel del ser humano. La jirafa pidió ser muy alta para llegar a las exquisiteces de las alturas donde ningún otro animal llegaría. El canario pidió tener el mejor canto. Y a todos complació el Señor, pero cuando ya iba a retirarse creyendo que ningún animal quedaba sin satisfacer, la abeja zumbó:
Mi Creador, aún falto yo.
-¿ Y que es lo que deseas, abejita? Te he dotado con ojos maravillosos capaces de ver todos los colores, y puedes volar mucho tiempo sin cansarte, si te falta algo, te lo concederé.
-Lo que yo quiero es elaborar un alimento sabrosos. Uno que sea dulce y curativo.
Dios quedó pensando un momento.
-La miel será el alimento que fabricarás.
-¿Gracias Señor. gracias!- agradeció la abeja muy feliz.
El Creador le dijo: -Hombres y animales pelearán por tu miel, incluso podrían matarte por tu miel.
La abeja se quedó muy triste, Y el Señor le dijo. -Te dotaré de una arma para que puedas defenderte.
-Señor, yo no quiero un arma que pueda herir a otros.
-Pero tendrás que defenderte.
--¡ Antes preferiría morir !- exclamó la abeja muy decidida.
-Así será- dijo muy serio. -Cuando claves tu aguijón en un ser vivo para defenderte, morirás...
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