Ayer viendo en Internet como unos niños corrían delante de un gallo y el muy ladino les picaba, recordé que mi prima y yo tambien corríamos fuera del corral. Creo que ya lo he contado, pero por si acaso, lo cuento otra vez.
"Me invitó mi prima Victoria a pasar unas vacaciones con ella y sus padres, mis tíos, vivían en Campo de Criptana. Mi tío era el molinero pero en esa ocasión ya estaban los molinos solo para el turismo. Algunos molinos los habían regalado, uno a la entonces princesa Sofía, otro a la Argentina. Los argentinos lo habían amueblado con cosas de su tierra, entre esas cosas había una enorme piel de vaca como alfombra en la cual mi prima y yo nos echábamos la siesta por lo fresquito que se estaba, era el mes de agosto. Bueno, lo que nos ocupa es el gallo:
Como es natural estaba en el corral, pero en el corral tambien había un retrete al que no teníamos más remedio que acudir de vez en cuando. El gallo tenía manía a mis piernas y a las de mi prima, más a las de mi prima, que eran las piernas más largas y bonitas que yo haya visto. A mi tío no se las veía porque llevaba pantalones y mi tía: la enagua, el refajo, la saya, el gallo no veía más piernas que las nuestras (en aquellos años no se llevaban los pantalones).
Cuando entrabamos al corral el gallo salía a picarnos, nosotras corríamos y llamábamos a la tía, esta entraba, cogía un palo y le decía: -¿Me vas a picar a mi? Y el condenado del gallo corría a esconderse. Ella se ponía en la puerta y nos esperaba. Esto ocurría todos los días.
Un día, entró el tío, claro el gallo ni apareció.
El retrete estaba hecho sobre una plataforma de cemento, encima tenía una tabla de madera que tenía un agujero por donde caían los excrementos al corral, el gallo se paseaba quizá esperando a ver si podía picar algo, aquel día, saltó y picó...al tío...en...
Oímos chillar al tío, al momento oímos palabrotas, se había quitado el cinto y no paraba de dar cintarazos a diestro y siniestro, pero según nos dijo no atinó ni una sola vez al dichoso gallo.
Como el tío estaba cabreado (con razón), nosotras nos fuimos hacia los molinos y allí pasamos toda la mañana.
Sobre las dos de la tarde bajamos a comer, no se nos ocurrió preguntarle al tío lo que le había pasado.
Nos sentamos a la mesa...sale mi tía con la comida, que por cierto olía que daba gloria y empezó a repartir.
Mi prima, cuando vio en su plato aquel muslo de pollo tan enorme, dijo:
-Madre, ¿No será este muslo del gallo? su respuesta fue:
-Comer y callar, ya no os va a picar más.
Nosotras nos miramos pero nada podíamos hacer y...el hambre es muy mala y aquello olía tambien...comimos el mejor gallo del gallinero, tenía la carne oscura de viejo que era, pero...¡Estaba tan rico! "